
El Camino del Artista de la Luz
12 horas totales
PRÓXIMO INICIO: 8 de Septiembre 2026
Máx. 8 alumnos
Online Vivo
8 clases
Un camino para descubrir quién sos cuando dejás de responder a las expectativas de los demás. Vivimos gran parte de nuestra vida mirando hacia afuera: buscando respuestas, aprobación o validación. Pero pocas veces nos detenemos a mirar hacia adentro.
El Camino del Artista de la Luz es una experiencia de autoconocimiento que combina conversaciones profundas, ejercicios de reflexión, escritura y fotografía para ayudarte a reconectar con tu esencia y despertar la creatividad que nace cuando nos permitimos ser auténticos.
No hay requisitos previos para poder realizarlo. Solo necesitás la disposición de hacerte preguntas, observarte con honestidad y abrirte a un proceso de descubrimiento personal.
Durante ocho semanas recorreremos un camino de exploración donde aprenderás a reconocer tus luces, tus sombras, tus dones, tus miedos y aquellas creencias que muchas veces limitan la persona que realmente querés ser. Cada encuentro propone una experiencia diferente y cada semana recibirás una consigna para seguir explorando entre un encuentro y otro.
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G1 (Online) - Inicia el 8 de Septiembre, Martes de 19:00 a 20:30 hs, finaliza el 27 de Octubre
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Qué incluye
Una buena pregunta puede abrir un camino. Sentirse verdaderamente escuchado puede transformar una vida.
Y creemos que el arte es una de las formas más profundas de conocernos y expresarnos.
El arte no es un fin, sino la expresión natural de una persona que se anima a ser quien realmente es.
En el Camino del Arista de la Luz encontrarás:
Un espacio seguro de escucha y respeto.
Conversaciones que invitan a pensar diferente.
Preguntas que invitan a la reflexión y al auto conocimiento.
Ejercicios de escritura y reflexión.
Consignas fotográficas para observar el mundo y observarte.
Un proceso personal acompañado con sensibilidad y presencia.
Un grupo donde las experiencias de los demás también pueden convertirse en aprendizaje.
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Objetivo
El Camino del Artista de la Luz es un espacio de autoconocimiento creado para acompañarte a descubrir, reconocer y expresar quién verdaderamente sos.
A través de preguntas profundas, ejercicios de revelación, escritura, fotografía y otras formas de expresión artística, recorrerás un camino de exploración interior que te permitirá reconocer tus dones, comprender tus miedos, identificar creencias limitantes y observar aquellos bloqueos que hoy pueden estar alejándote de tu autenticidad.
El propósito es aprender a mirar hacia adentro con honestidad, sensibilidad y sin juicio, para luego permitir que aquello que descubrís encuentre una forma de salir al mundo.
Es un camino de adentro hacia afuera.
Una revelación.
Porque todos llevamos un artista dentro, que necesita ser mirado, reconocido, escuchado y validado por uno mismo.
Cuando nos conocemos con mayor profundidad y nos damos permiso para ser quienes somos, nuestro arte comienza a encontrar naturalmente su lenguaje, su forma y su lugar en el mundo.
Descripción
El Camino del Artista de la Luz se puede recorrer de dos maneras, según el tipo de experiencia que estés buscando.
Camino Grupal
Una experiencia compartida de ocho encuentros semanales de 1 hora y 30 minutos, en modalidad online en vivo.
Cada encuentro combina espacios de conversación, ejercicios de revelación, escritura, preguntas de autoconocimiento y prácticas de escucha con plena presencia emocional.
Entre encuentro y encuentro recibirás desafíos para continuar el proceso desde tu vida cotidiana. La fotografía será una de las principales herramientas de exploración, aunque cada participante podrá integrar otras formas de expresión artística que resuenen con su propio camino.
El grupo se convierte en un espacio de aprendizaje mutuo, donde cada historia amplía la mirada de los demás y cada experiencia puede transformarse en un espejo para el propio proceso.
Camino Personal
Una experiencia individual de seis encuentros de una hora, pensada para quienes desean recorrer este proceso de manera más íntima y personalizada.
Conserva la misma esencia del programa, pero con un acompañamiento completamente adaptado al momento, las inquietudes y el ritmo de cada persona.
En ambas modalidades, el verdadero trabajo sucede también entre los encuentros: observando, escribiendo, creando y permitiéndote descubrir nuevas maneras de mirar el mundo y de mirarte a vos mismo.
A tener en cuenta
Magela Benencio: Facilitadora de El Camino del Artista de la Luz
Mi primera noche oscura del alma comenzó en el año 2010, después de regresar de un viaje de casi seis meses por Asia del Este. Ese continente cambió mi vida para siempre. En algún momento del viaje comprendí que, en distintos rincones del mundo, existen personas con muy pocas posibilidades de transformar su realidad porque todo es adversidad. Ese descubrimiento me confrontó con una verdad incómoda: yo vivía en un país lleno de oportunidades y, sin embargo, seguía siendo profundamente infeliz. Entendí que muchas de mis limitaciones no estaban afuera. Estaban dentro de mí. Ese fue el comienzo de mi verdadero viaje.
Al regresar tomé decisiones que parecían imposibles. Dejé el ejercicio de la abogacía, abandoné la cátedra de Derecho Penal donde me preparaba para ser docente, me fui a vivir sola y terminé una relación de pareja. Todo ocurrió en apenas seis meses. Era la primera vez que me atrevía a mirar hacia adentro.
Fue también durante ese viaje cuando descubrí la fotografía.
Participé en un concurso con una imagen tomada con una pequeña cámara Canon de bolsillo de apenas dos megapíxeles. Obtuve el segundo lugar. El jurado me explicó que la fotografía tenía el inconveniente de que estaba pixelada.
Tomé aquello como una señal del universo, y decidí a adentrarme en el mundo de la fotografía. Compré mi primera cámara réflex, hice un curso y salí a buscar mi primer trabajo: el cumpleaños de un niño de siete años en un salón completamente verde manzana, donde cada destello del flash devolvía un pequeño Hulk.
Así comenzaron años de aprendizaje, de errores, de entusiasmo y de mucho trabajo.
Retratos, bodas, cumpleaños, gastronomía, productos, interiores...
La fotografía había encontrado un lugar en mi vida.
En abril de 2015, mientras estaba embarazada de mi hijo Joaquín, su padre perdió completamente la visión durante algunos segundos. Fue internado de urgencia ante la posibilidad de un accidente cerebrovascular.
Finalmente no pasó de un gran susto. Pero para mí fue un despertar. Comprendí que, si algún día me quedaba sola con un bebé, debía ser capaz de sostenernos.
Así nació Fotoarte. Una escuela construida desde el amor por la fotografía y, al mismo tiempo, desde la fuerza de una madre que necesitaba crear un futuro para su hijo. Fue una obra hecha a pulmón. Con muchísimo trabajo. Y con la inmensa gratitud hacia el padre de Joaquín, que supo caminar a mi lado en aquellos primeros años.
A veces pienso que también existían razones más profundas para crear una escuela.
Mi madre soñaba con ser docente. Renunció a ese sueño para formar una familia y, con los años, muchas veces lamentó no haber seguido ese camino.
En enero de 2016 ella murió. Joaquín tenía apenas seis meses y Fotoarte estaba a punto de inaugurar su primer local.
Lloré el día de su muerte. Después dejé de llorar. Sin darme cuenta me desconecté de mis emociones para poder sobrevivir. Ese mecanismo me permitió sostener simultáneamente mi maternidad y mi emprendimiento.
Durante los años siguientes trabajé con una energía inagotable. Fotoarte se convirtió en mi gran amor. Podía pasar horas imaginando nuevos cursos, escribiendo ideas en un cuaderno frente al mar o trabajando desde una computadora al borde de una piscina. La escuela creció tanto que pronto nos mudamos a una gran casa en Trouville. Viví años de abundancia. Hoy entiendo que esa abundancia nacía del entusiasmo.
Pero la vida volvió a cambiar. Me separé. Llegó la pandemia. Tuve que cerrar la escuela de un día para otro. Fue como ver bajar el telón al final de una obra.
Después vinieron tres años de profunda oscuridad. No necesito contar demasiado sobre ese período. Solo puedo decir que la vida me mostró con claridad cuánto me faltaba aprender sobre el amor hacia mí misma.
En 2023 comenzó mi verdadero proceso de sanación.
En 2024 me animé a construir la familia que siempre había soñado junto a Berna, Clarita y Joaquín.
Y, poco a poco, empecé a recuperar partes de mí que había dejado olvidadas en el camino.
Una de ellas era la artista.
Hace poco recibí una invitación inesperada para participar en una muestra artística por el Día Mundial del Agua. Presenté tres fotografías acompañadas por un texto. Mientras creaba esa obra ocurrió algo que hacía muchos años no sentía. Disfruté profundamente el proceso. No estaba buscando reconocimiento. No esperaba resultados. Solo necesitaba expresar lo que estaba viviendo dentro de mí. Sentí miedo. Miedo a mostrarme. Miedo a las críticas. Miedo a no ser comprendida. Y, aun así, decidí hacerlo.
Ese día entendí que el arte no consiste solamente en crear una obra. Consiste en animarse a revelar el alma. Entonces apareció una pregunta que hoy guía mi vida:
¿Qué siento? Parece una pregunta sencilla. Pero pocas veces nos detenemos a escuchar la respuesta. De esa pregunta nace El Camino del Artista de la Luz, como un espacio de verdadero autoconocimiento. Un lugar seguro donde nadie necesita defenderse ni demostrar nada.
Un espacio donde las preguntas importan más que las respuestas, donde la escucha tiene tanto valor como la palabra y donde cada persona puede descubrir, a su propio ritmo, la forma única en que su arte desea manifestarse.
Hace un tiempo tuve una conversación con mi hijo Joaquín.
Le pregunté:
—¿Qué es lo más valioso que tenemos?
Sin dudarlo respondió:
—El poder de crear.
Entonces volví a preguntarle:
—¿Y cuál es el motor de ese poder?
Respondió:
—El amor propio.
Creo que tenía razón.
Ese es el camino que hoy deseo compartir.
