top of page

Mujeres de Montevideo: Magela

  • 5 mar
  • 3 Min. de lectura

Vengo de un origen humilde. El sueño de mis padres era que sus hijas fueran a la universidad para que pudiéramos tener un mejor porvenir. En ese momento no había tantas alternativas en cuanto a carreras, más bien las tradicionales. La carrera que elegí a los diecisiete años fue derecho y luego me especialicé en derecho penal. Trabajé y quedé por concurso en el Tribunal de Cuentas.

A través de un viaje me auto descubrí y me di cuenta de que no era feliz. A veces uno vive la vida en piloto automático y no se cuestiona algunas cosas que determinan la mayor parte de su vida, como el trabajo. En el viaje que hice por Asia vi realidades duras, pobreza extrema y falta de oportunidades. El hecho de que algunos niños mendigaran lápices porque no podían estudiar me hizo caer en la cuenta de que mis limitaciones estaban en mi cabeza, porque yo sí tenía muchas posibilidades. El límite estaba dentro de mí.

Cuando volví del viaje llegué revolucionada y me independicé para enfrentarme a la vida sola. Dejé de pensar en la prosperidad económica y los honores y me puse a pensar en ser feliz. Mi pareja actual, Santiago Fernández Sapelli, es empresario y tiene alma de emprendedor. Tiene una energía muy especial; él me enseñó que no importa cuántas veces uno caiga, siempre hay que tomar lo positivo y seguir adelante. Fue él quien me sugirió un cambio de rumbo en mi vida profesional y me impulsó a optar por lo que me hacía feliz.

Durante mi viaje, yo había descubierto que me encantaba la fotografía. Presenté a un concurso una de las fotos que había tomado y saqué el segundo premio. Lo tomé como una señal; me compré mi primera cámara y empecé un curso. Al principio, la fotografía fue un hobby. Luego ofrecí hacer mi primer trabajo sin costo para un salón de fiestas y desde ese momento empezaron a contratarme.

Unos años después fui madre y eso me dio fuerza para dar mi primer curso de fotografía que hoy es el curso básico de la escuela que fundé llamada Fotoarte. Fotoarte comenzó en un centro cultural donde alquilé un salón para dictar el curso. Recuerdo que me puse a llorar de alegría porque era feliz trabajando y el curso se llenó de gente. Había juntado mi pasión con la docencia y la transmisión de conocimiento que es muy gratificante.

Al principio trabajaba catorce horas por día. Luego alquilé un monoambiente y empecé a sumar cursos y profesores. Detrás del armado de cada curso hay mucha investigación; los cursos tienen una metodología muy pragmática y la creación de cada uno lleva su tiempo. Cuando vi que la escuela funcionaba, dejé el tribunal de cuentas y me metí de lleno en la escuela.

Fotoarte tiene cuatro años ya y puedo decir que nació junto con mi hijo. Hoy en día estamos en una sede más grande aún; tenemos cuatro salones, veinte docentes y más de treinta cursos. Actualmente me desempeño como la Directora, ya no doy clases pero realizo el proceso de selección de docentes. Me interesa mucho escuchar a los profesores y a los alumnos para construir entre todos.

Mi consejo es que hay que seguir lo que nos dicta el corazón. No existe una fórmula mágica, hay que trabajar muy duro para lograr un trabajo exitoso y feliz. La cuenta de Instagram es @fotoarteuy.

Fuente: ferpectas.uy

Comentarios


bottom of page